domingo 8 de enero de 2012
Dolor
No es la fiebre ni los ojos hinchados ni el dolor de cabeza. No son los clavos en las manos ni la lanza en el pecho ni las espinas en la sienes. No son los hematomas (con la longitud exacta de tus dedos) que plagan mi espalda ni los zurcos sangrientos de tus garras ni los redondos orificios que dejaron tus colmillos en mi cuello. No son los huesos quebrados ni las heridas expuestas ni la presencia punzante de algún carcinoma in situ. No es el dolor lo que jode. Lo que en verdad me saca de quicio es que seas precisamente tú la parte de mí que más me duela.


Guille
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