domingo 1 de enero de 2012

Film Noire Cliché

Ella estuvo hoy en el Club. Pidió verme en privado. Llevaba puesto un elegante y vestido azul y un sombrero de alas cortas que la hacían lucir como Evelyn Cross Mulwray en el momento en que conoce a Gittes en Chinatown. Me habló largamente sobre su esposo y sus ojos brillaban como los de una quinceañera. Era tan evidente su enamoramiento que por un momento pensé que estaba allí para pedirme que lo hiciera asesinar. Yo ataba un Gauloise y la escuchaba distraído. Fue entonces cuando mencionó lo de la carta. Le ofrecí un cigarrillo y, al inclinarse sobre mí para que lo encendiera, su perfume me cubrió con el estallido de unas cataratas demoníacas. Más interesado, pregunté si llevaba la carta consigo. Bajó la mirada y un rubor carmesí irrigó sus mejillas. Su mano trémula extendió un papel amarillo y arrugado. La marquilla del monstruo destellaba en su relieve lacrado. Mi corazón se saltó un latido. El texto era escueto, en el mejor estilo de la casa. Era real y al mismo tiempo, era peor que una condena a muerte, era el fin.

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