Yo acababa de dejar el carro en el parqueo y me tocó atravesar el solar en el que un reguero de carajitos jugaba pelota a mano pelá. Al pasar junto al ellos, recordé mis días de pelotero en aquel mismo lugar. Era malísimo pero me moría por jugar. Cacao me ponía siempre en el Right y los tígueres me vivían dando cuerda, pues todo el mundo sabe que en el Right siempre juega el que menos coge (esto se explica por la escasez de bateadores zurdos que son los que jalan la pelota hacia la derecha).
Justamente pasaba junto al Right y me quedé mirando al palomito que ocupaba la posición. Tenía unos 11 años. Era una miserable y anodina lagartija con las canillas cundidas de picadas de mosquitos. Tenía cara de idiota y sandalias de nerdo. Todo un búcaro pelotero. Me causó muchísima risa ver que jugaba con un celular en la mano izquierda.
—Pobre infeliz. Ya se habrá dado cuenta que por ahí no batean en varias semanas y anda con un celular para cuando la vieja lo llame para que se vaya a poner el Caladryl— pensé sin compasión alguna — Si yo fuera carajito en estos tiempos, llevara un PSP al Right para no aburrirme.
En eso le sonó el celular.
—Aló. Dígame montro… sí, yo dejé el asunto allá en la equina, donde el Menor, como uté me dijo. Tre gramo de la blanca y ocho X. Me pagó con tre milenaria y do científica, que lo otro se lo da el vierne… no, me dijo que era para uno cuero… bueno, ya uté sabe… nos chequiamos.
En eso sonó un batazo. Era entre Left y Center. El carajito ni se movió. Sacó tres papeletas de mil y dos de cien de su bolsillo, las contó y las volvió a guardar.


Guille
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